Ana de la Reguera regresa al ballet gracias a su nueva película

Ana de la Reguera regresa al ballet gracias a su nueva película

Una de las máximas pasiones de la actriz mexicana Ana de la Reguera la llevará al cine de nueva cuenta, ahora de la mano del director español Carlos Saura a través de la película “El rey de todo el mundo”, que se filma en escenarios de esta ciudad.

La veracruzana interpretará a una bailarina y compartirá créditos estelares con el afamado bailarín mexicano Isaac Hernández.

“Yo empecé bailando, lo primero que quería hacer era bailar. Siempre quise hacer un musical, ya sea en teatro o en cine, y si alguien me hubiera dicho que mi primer musical iba a ser con Carlos Saura nunca lo hubiera creído; estoy muy emocionada”, externó Ana de la Reguera.

A Isaac Hernández recién lo conoció, se hicieron amigos a través de Instagram gracias a una campaña en la que ambos participaron, pero no habían coincidido personalmente hasta ahora.

“Nos escribíamos y me había invitado a alguna de sus presentaciones, pero no había podido asistir. Cuando supe que estaría con él, me emocioné. No sé qué más pedir, estoy en Guadalajara, filmando en mi país y con un personaje super bonito”.

Aunque no puede revelar detalles, adelantó que “Sara” es una bailarina y coreógrafa. Le agradará trabajar con los más jóvenes del elenco porque sabe que aprenderá mucho de ellos.

“Crecí bailando y lo que más me gusta es bailar, por eso pude hacer este personaje, porque es algo que traigo en la sangre, no es ajeno a mí y no necesitaba entrar a un mundo nuevo sino que me fui adaptando a ciertas cosas. Creo que me irá muy bien por la edad, por el momento de vida en el que estoy”.

La actriz comentó que en sus redes sociales sigue a muchos bailarines, por lo que tiene muchos conocimientos en el arte.

“Los actores no podemos estar todos los días ensayando en una barra y no podemos perfeccionarnos de la misma manera como un bailarín, un músico o un atleta, y eso les envidio porque nadie más lo hace. Le tengo un respeto y amor a la danza”.

A la par de “El rey de todo el mundo”, Ana de la Reguera graba en Los Ángeles, California, la tercera temporada de la serie de televisión “Goliath” y le restan tres semanas de trabajo, por lo que estará yendo y viniendo a México.


Fuente: Notimex/pmc
Ángela Aguilar provoca tremenda confusión con esta fotografía

Ángela Aguilar provoca tremenda confusión con esta fotografía

Quien no para de causar revuelo en las redes sociales, es Ángela Aguilar, pues desde que se convirtió en todo un fenómeno musical su popularidad crece como la espuma.

Pero, no solo su carisma y talento es lo que ha enamorado a su público, ya que su innegable belleza también la ha hecho acreedora de miles de halagos y piropos, como sucedio recientemente por una fotografía que la misma joven publicó en su cuenta oficial de Instagram.

Y es que en la imagen que a pocos minutos de haber sido compartida, desató la polémica, pues los fans notaron que la hija de Pepé Aguilar tiene un gran parecido con la también cantante, Dua Lipa.

En la foto, la cantante está posando frente a la cámara, con su característico cabello corto, portando un elegante saco amarillo y unos amplios aretes, provocando una gran confusión entre los internautas, pues muchos aseguraron que es idéntica a la artista internacional.

Verónica Castro paga millonada para que el Loco Valdés sobreviva

Verónica Castro paga millonada para que el Loco Valdés sobreviva

Ahora que don Manuel ‘El Loco’ Valdés, de 88 años, atraviesa una fuerte crisis económica y de salud, pues sus hijos mayores no lo apoyan, nos enteramos de que Verónica Castro, de 66, y su hijo Cristian, de 44, se han encargado de darle todo lo que necesita para sobrevivir y pagar sus gastos médicos. Una amiga de la actriz nos confesó que ésta siempre se encuentra al pendiente del comediante y que le entrega 100 mil pesos al mes para que pueda cubrir todas sus necesidades.
-Ahora que don Manuel ‘El Loco’ Valdés está desamparado por sus hijos mayores, ¿Verónica Castro lo ayuda económicamente? »Así es, Verónica tiene un gran corazón y al enterarse de que El Loco pasaba por una terrible situación económica y de salud, no dudó ni un segundo en ayudarlo; está muy al pendiente de todo lo que le pase, y todo lo hace de corazón. A pesar de que hace años él no se hizo cargo de ella ni de su hijo Cristian, Vero no ha dudado ni un poco en ver por él en estos momentos difíciles». -¿Sabes cuánto le da? »Alrededor de 100 mil pesos mensuales, para que cubra los gastos de enfermeras, hospital, tratamientos, curaciones, todos los servicios de su casa y su alimentación».
-¿Aún hay cariño entre ellos? »Sí, son grandes amigos. Desde siempre ella ha procurado mantenerse comunicada con él, por lo menos para saber cómo está de salud, y es a través de Iván Valdés, nieto de don Manuel, como se ha enterado de todo lo que necesita».
-La familia de Manuel debe estar muy agradecida con ella… »Ni siquiera saben que lo apoya, pues ella pidió mucha discreción; sabe que los hijos de Manuel arrasan con todo el dinero que le llega y no quiere que se lo quiten. Además, a ella no le gusta pregonar lo que hace o lo que da».
-¿Será que lo ama todavía? »Vero siempre lo tendrá en su corazón, pues él es una parte muy importante en su vida; además, es padre de uno de sus hijos. Ahora son grandes amigos».

Revelan que Luis Miguel jaloneó e insultó a su novia tras supuesta infidelidad

Revelan que Luis Miguel jaloneó e insultó a su novia tras supuesta infidelidad

A escasos días de haberse dado a conocer que Luis Miguel vivió una noche de excesos entre drogas y alcohol que casi le cuestan la vida, ahora se ha revelado que la causante de todo sería su novia, la corista Mollie Gould.

De acuerdo a la revista TV Notas, un amigo cercano al cantante contó que durante una de las noches en las que la pareja se encontraba en Argentina para cumplir con la gira “México por siempre”, la joven quería salir de fiesta, pero el artista estaba cansando y se negó.

“Mollie se fue sin él a una discoteca de la Costanera (un parque en Buenos Aires), donde estuvo con un empresario conocido allá, llamado Matías Tasín; ahí estuvieron muy cariñosos. Esto se publicó en los medios de Argentina y estalló la bomba”, relató la fuente.

“Luis Miguel le reclamó a Mollie, le dijo que si le quería ver la cara de pend$%&… tuvieron una pelea muy fuerte. No le pegó, pero sí le gritoneó, la jaloneó e insultó, le dijo que ya estaba harto de ella, que se largara”, detalló.

Sin embargo, el romance entre ambos no concluyó. “Ella lo negó, y como Luis Miguel no tenía pruebas de que Mollie le fue infiel, él no la terminó, aunque le dijo que por el momento no la quería ver y la mandó a Paraguay, donde él tendría una presentación el 7 de marzo”.

Acto seguido, “El Sol” planeó la fiesta que pondría en riesgo su vida. “Sí (le dolió), pero también lo hizo para divertirse sin ella, porque le llamó a uno de sus ligues que tiene allá. Se habló de drogas y alcohol, pero lo que se sabe es que Luis Miguel agarró una fiesta brutal; tomó tanto alcohol, que se desmayó y por varios minutos perdió la conciencia. Sus acompañantes estaban aterradas y le hablaron a la gente del hotel para que las ayudara, y alguien llamó a un doctor que trabaja para el hotel, quien le dio los primeros auxilios a Luis Miguel y lo reanimó”.

Mientras los escándalos giran en torno a la vida de Luis Miguel continúan, este sigue cumpliendo con su gira internacional de conciertos, misma que en breve también llegará a varias ciudades de Estados Unidos.


Fuente: Agencia México/pmc
¿Sabías que existe una bóveda que almacena semillas de todo el mundo?

¿Sabías que existe una bóveda que almacena semillas de todo el mundo?

Se encuentra en lo más profundo de una montaña de la isla de Spitsbergen, en Noruega, ahí se guardan cerca de un millón de variedades de semillas para salvaguardarlas.
Conforme el avión se acercaba a la isla noruega de Spitsbergen —cuya distancia hacia el Polo Norte se puede recorrer en un trineo jalado por perros— me acordé de que un artículo de la BBC consideraba a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard como uno de los lugares más secretos del planeta; se encontraba en la misma categoría que el Archivo Secreto Vaticano.
En el reportaje se afirmaba que era casi imposible entrar al recinto. No obstante, estaba yo a punto de aterrizar en el aeropuerto de Longyearbyen, luego de que me aseguraran que, si lograba llegar al archipiélago ártico de Svalbard a principios de marzo de 2016, se me permitiría conocer el repositorio congelado.
Se trataba de la colección más importante de especímenes de semillas de cultivo en el mundo entero. Se resguarda en la ladera de una montaña ubicada en una isla que es 60 por ciento glaciares y está en medio de la nada. Me encontraba entre el puñado de personas afortunadas que habían sido invitadas a visitar, esa semana, las semillas producto de 12,000 años de pasado, presente y futuro agrícola.
Tomó un año de coordinación con los guardianes del extraño proyecto organizar mi visita, que requirió un recorrido aéreo de 5,000 kilómetros, el cual inició en un viaje de Edmonton a Reikiavik, después a Oslo y a Tromsø y, finalmente, a Longyearbyen.
Desde luego, era difícil llegar al sitio. Sin embargo, volar sobre Spitsbergen me permitió ver con claridad, desde la ventanilla de la aeronave, la entrada al granero “del fin del mundo”: una cuña de concreto con un fulgurante gorro azul.
El edificio estaba lejos de todo y parecía un búnker, no una instalación clasificada. Era más bien un faro, uno que me recordaba la pregunta sencilla pero fundamental detrás de mi visita: si el mundo construye una despensa en el permafrost y almacena ejemplares de sus semillas más preciadas, ¿estamos ante un simulacro exagerado o hay algo acerca de nuestro suministro de alimentos que deba preocuparnos? Es decir, algo inquietante de verdad.
Estamos en proceso de una extinción agrícola masiva. En el siglo XX, 75 por ciento de la diversidad genética vegetal desapareció, conforme los campesinos de todo el mundo abandonaron sus cultivos locales y adoptaron monocultivos aptos únicamente para la explotación a escala industrial.
Se estima que, nada más en Estados Unidos, han desaparecido 90 por ciento de las variedades históricas de frutas y vegetales. Casi la mitad de la dieta occidental depende de tres importantes gramíneas: trigo, maíz y arroz.
La bóveda está diseñada para albergar 4.5 millones, una cantidad que, según las mentes más brillantes de la bioconservación agrícola, se puede considerar un colchón seguro frente a cualquiera de los peores escenarios posibles.
Los factores detrás de esta tendencia son muchos y acumulativos: las guerras, el cambio climático, el auge poblacional, la evolución de las prácticas agrícolas, la especialización regional en la producción y la concentración de la propiedad de las semillas en unas cuantas multinacionales, entre otros.
La enorme extensión de las tierras de cultivo modernas, la lógica de la economía de escala y sus bajos costos de producción unitaria se traducen en que una mayor superficie se destina a una cantidad menor de variedades botánicas. Los riesgos potenciales son grandes: una vez que hayamos reducido nuestras opciones alimentarias por razones económicas, ¿qué comeremos cuando esas pocas alternativas ya no se adecuen a las condiciones climáticas cambiantes? La pérdida de diversidad genética hará que sea arduo responder a las amenazas de la producción mundial de alimentos.


Noruega, con su reputación internacional de neutralidad, y pese a no tener una gran participación en la agricultura mundial, apoyó la idea de una bodega de resguardo; en 2007 pagó 9 millones de dólares para cubrir el costo de construcción de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard. Se usó concreto con el fin de que durara decenas de miles de años y fue diseñada para resistir explosiones de bombas y terremotos. Además, al ser una especie de túnel ubicado a gran profundidad bajo la ladera de una montaña, las tres cámaras de almacenamiento pueden mantenerse congeladas por 200 años sin necesidad de energía eléctrica en caso de un apagón.

La entrada sobresale del accidente geográfico, que se encuentra 130 metros sobre el nivel del mar, una altura adecuada en caso de que —o para cuando— se derritan los casquetes polares.

Pese a esto, en mayo de 2017 el agua se filtró por la entrada del inmueble tras otro cálido invierno. El permafrost derretido causó una tormenta mediática. ¿Estaba en riesgo el resguardo de los alimentos para el futuro? De acuerdo con las agencias que supervisan la bóveda, la respuesta es no. Las semillas estaban seguras en las entrañas de la tierra. Pero se están llevando a cabo reparaciones para volver a sellar el acceso y crear mejores drenajes, entre otras medidas.

En marzo de 2016, cuando llegué, no había guardias armados ni revisiones de seguridad a las puertas de la bóveda; solo había tres renos flacuchos que tocaban el hielo y la nieve con las patas, tratando de sacar líquenes y pasto. Brian Lainoff, mi guía, salió del edificio con unos patrocinadores potenciales provenientes de Suiza. Era un joven estadounidense desgarbado, de veintitantos años, que antes había sido coordinador de comunicaciones y colaboración de la Crop Trust.

Tomó un año de coordinación con los guardianes del extraño proyecto organizar mi visita, que requirió un recorrido aéreo de 5,000 kilómetros.

Tras ocho años de existencia del proyecto, conseguir socios con dinero para financiarlo sigue siendo una prioridad: los costos de operación básica son de 1 millón de dólares anuales. Lainoff se separó del grupo de suizos para decirnos: “Quizá esta es la operación de rescate biológico más grande en la historia”. En efecto, la bóveda ya resguarda cerca de 940,000 variedades de semillas y está diseñada para albergar 4.5 millones, una cantidad que, según las mentes más brillantes de la bioconservación agrícola, se puede considerar un colchón seguro frente a cualquiera de los peores escenarios posibles.

Después de que Lainoff se despidió de los visitantes suizos, cruzamos un pequeño puente hacia la entrada. Buscó en su chaqueta las llaves para abrir los enormes portones metálicos. Una vez dentro, parecía que el frío se colgaba del metal corrugado curvado que recubre las paredes del primer pasaje interno. Las luces fluorescentes que zumbaban por encima y a lo largo del túnel de 146 metros de longitud daban la sensación de estar en una estación espacial de la serie televisiva Galáctica, astronave de combate.

A medida que avanzábamos por el túnel las paredes de acero se convirtieron en un hueco de piedra abierto bruscamente, y se volvió mucho más frío. (La temperatura ideal para almacenar semillas a largo plazo es de −18 grados Celsius y el ambiente debe ser muy seco.) Tras otra serie de puertas cerradas quedamos frente a la entrada a las tres cámaras de almacenamiento.

Lainoff dijo, bromeando: “Adivinen tras qué puerta están las semillas”. Una gruesa capa de escarcha y hielo la hacía brillar, como la parte interior de un congelador. Las otras dos se llenarán conforme aumente el inventario depositado en la bóveda.

El interior de la cámara, un cuarto que mide 6 por 27 por 10 metros, era como un garaje bien ordenado. Los prácticos estantes de rejillas de acero estaban llenos de contenedores de plástico, cajas de madera y de cartón; algunos apenas se mantenían en pie gracias a la cinta adhesiva.

Lainoff nos llevó a un recorrido por los pasillos; los recipientes que íbamos pasando estaban rotulados: “Canadá”, “Taiwán,” “The Africa Rice Centre” [Centro Africano del Arroz] y “United States National Plant Germplasm System” [Sistema Nacional para el Germoplasma de Plantas de Estados Unidos].

“Se trata de una iniciativa global en la que participan más de 70 instituciones”, aseguró Lainoff al explicarnos que incluye una excepcional participación común entre rivales culturales o políticos. Señaló unas cajas pintadas de rojo con una leyenda blanca hecha con esténcil que decía “RPD de Corea”; a pocos pasos de allí había contenedores azules de Corea del Sur.

Las cajas nunca se abren, pues las semillas que contienen son propiedad de quien las consigna. Svalbard las almacena y solo las extrae si así lo solicitan sus propietarios. La mayoría de ellas contienen decenas de variedades de semillas selladas al vacío dentro de bolsas de aluminio con códigos de barras y etiquetas que obedecen el sistema de catalogación de cada dueño.

Se estima que, nada más en Estados Unidos, han desaparecido 90 por ciento de las variedades históricas de frutas y vegetales.

Lainoff se paró frente a un hueco en los estantes y explicó que tales espacios vacíos eran algo fuera de lo común. Las cajas de semillas siempre se colocan en el orden en que han llegado, no se clasifican geográficamente. Faltaban recipientes, ya que en 2015 el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Climas Secos (ICARDA, por sus siglas en inglés) —una institución sin fines de lucro que opera en más de 50 países— retiró parte de su reserva.

ICARDA conserva cepas únicas de cereales, leguminosas y forrajes de algunos de los lugares más importantes en el mundo desde el punto de vista agrícola. Durante la guerra civil de Siria, sus instalaciones en Alepo —que alguna vez fueron uno de los silos más importantes del mundo, debido en parte a la relevancia histórica de Siria como el país en donde se originó el trigo— tuvieron que ser evacuadas.

Solo se salvó 87 por ciento de su acervo. ICARDA solicitó sus ejemplares para volver a plantarlos en Marruecos y Líbano y cultivarlos con el fin de reponer las reservas. Desde entonces se han recuperado mediante dos depósitos.

Cuando terminó la visita guiada, noté que mis dientes estaban castañeteando. Con los dedos adormecidos, escribí unos garabatos en el libro de visitas. La primera firma, plasmada en la mismísima primera página, era la del entonces secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, quien escribió: “Este es un símbolo inspirador de paz y seguridad alimentaria para la humanidad”.

Salimos de nuevo a la superficie, alumbrada por la luz azul y silenciosa del Ártico. Entonces me di cuenta de que tenía sentimientos encontrados respecto al granero que había venido a ver desde tan lejos. Sí, el cambio climático está sorprendiendo a los agricultores, y sus opciones son cada vez más limitadas.

Además, las corporaciones intentarán aumentar su capacidad para regular las ventas de semillas y controlar su genética. La merma de la biodiversidad en el sistema de alimentos tiene a las naciones y a los científicos lo suficientemente preocupadoscomo para almacenar dicho material genético.

Sin embargo, me pregunto si en realidad esta es nuestra mejor opción. Estas colecciones ex situ solo ofrecen un refugio parcial contra embates de la naturaleza. Svalbard no puede combatir el calentamiento global ni los intereses corporativos, por no mencionar la pérdida de la transferencia de conocimiento de generación en generación.

Claro, es crucial proteger la herencia genética de la Tierra, pero mantener semillas de cultivos encerradas cerca del Polo Norte es un amargo recordatorio de su escasez.

¿Ya nos dimos por vencidos? En vez de esto, ¿no deberíamos dedicar nuestros esfuerzos a descubrir cómo hacer llegar la mayor cantidad de semillas posibles a manos de los campesinos que tienen el conocimiento de cuándo, dónde y cómo plantarlas?

Ana Layevska confiesa que un admirador expuso su intimidad

Ana Layevska confiesa que un admirador expuso su intimidad

Ana Layevska lleva más de 20 años de carrera, por lo que cuenta con experiencias de todo tipo, incluso una en la que su intimidad quedó expuesta por culpa de un admirador.

Resulta que en el 2001, cuando actuaba en la telenovela »Primer amor…a mil por hora», se fue de gira con sus compañeros, pues cada uno cantaba una canción del soundtrack del programa; entonces, sucedió algo vergonzoso.

»Nos íbamos de gira, de repente cantábamos en algún festival en Acapulco, Monterrey (…) Un día estaba en pleno escenario cantando mi canción y traía una falda que se amarraba como si fuera pareo; entonces, me agachó tantito a saludar a la gente y me jalan la falda y me quedo en calzones», dijo Layevska.

Agregó que fue uno de los peores momentos de su vida y que »traía calzón de niña», por lo que se salió de inmediato de ahí.